lunes, 19 de marzo de 2018

LUNES SEMANA 5 DE CUARESMA. SAN JOSÉ.


San José, esposo de la Virgen María

“Y José es ‘custodio’ porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas. En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo.

Este es el servidor fiel y prudente,
a quien el Señor ha puesto al frente de su familia.
cf. Lc 12, 42
Oración     

Dios todopoderoso, que pusiste bajo la fiel custodia de san José los comienzos de la salvación humana, te pedimos que, por su intercesión, la Iglesia pueda llevarla a su plenitud. Que caminemos esta cuaresma en compañía de este Patriarca de la Iglesia y preparemos la renovación de nuestras promesas bautismales en la próxima Pascua. Por Jesús nuestro Señor. Amén.

I LECTURA

 “En virtud de esta promesa incondicional, David queda constituido fundador de una dinastía que será eterna, porque el Señor no apartará de ellos su fidelidad”.

Lectura del segundo libro de Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16

En aquellos días, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos: “Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: ‘Cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. Él edificará una casa para mi Nombre, y yo afianzaré para siempre su trono real. Seré un padre para él, y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y tu trono será estable para siempre’”.
Palabra de Dios.
 Salmo 88, 2-5. 27. 29

R. Su descendencia permanecerá para siempre.

Cantaré eternamente el amor del Señor, proclamaré tu fidelidad por todas las
generaciones. Porque tú has dicho: “Mi amor se mantendrá eternamente, mi fidelidad está afianzada en el cielo”. R.

Yo sellé una alianza con mi elegido, hice este juramento a David, mi servidor: “Estableceré tu descendencia para siempre, mantendré tu trono por todas las generaciones”. R.

Él me dirá: “Tú eres mi padre, mi Dios, mi roca salvadora”. Le aseguraré mi amor eternamente, y mi Alianza será estable para él. R.

II LECTURA

San Pablo recurre a la historia del pueblo de Israel para decirnos que nosotros, por la fe, participamos de la misma promesa. Somos un gran pueblo, el pueblo de Dios, todos hijos de Abrahám, que caminamos con la gracia de Dios hacia él mismo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 4, 13. 16-18. 22

Hermanos: La promesa de recibir el mundo en herencia, hecha a Abraham y a su posteridad, no le fue concedida en virtud de la Ley, sino por la justicia que procede de la fe. Por eso, la herencia se obtiene por medio de la fe, a fin de que esa herencia sea gratuita y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de Abraham, no sólo los que lo son por la Ley, sino también los que lo son por la fe. Porque él es nuestro padre común, como dice la Escritura: “Te he constituido padre de muchas naciones”. Abraham es nuestro padre a los ojos de aquél en quien creyó: el Dios que da la vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen. Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como se le había anunciado: “Así será tu descendencia”. Por eso, la fe le fue tenida en cuenta para su justificación.
Palabra de Dios.

VERSÍCULO     Sal 83, 5

¡Felices los que habitan en tu casa, Señor, y te alaban sin cesar!



EVANGELIO

José es encargado de ponerle el nombre a Jesús. Con esto, José se hace padre, incorpora a Jesús a la dinastía davídica y le da un lugar en la sociedad. José le brinda a Jesús la posibilidad de crecer como un niño más y participar en la vida social y religiosa de su pueblo. En la vida cotidiana de Nazaret, Jesús experimentará lo que significa la palabra “padre”.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo. Jesucristo fue engendrado así: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de todos sus pecados”. Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado.
Palabra del Señor.

Servidor bueno y fiel, 
entra a participar del gozo de tu Señor.
Mt 25, 21
  
Oración final


Padre Dios, protege siempre a tu familia, que alimentas con tu Palabra en la gozosa celebración de san José, y custodia en todos nosotros tus fieles los dones que con tanta bondad nos concedes. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

¡Buena jornada!

domingo, 18 de marzo de 2018

DOMINGO 5º DE CUARESMA


“Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre”

Unos griegos se acercan a uno de los discípulos y piden la oportunidad de poder conocer a Jesús. Felipe habla con Andrés y ambos le cuentan a Jesús. He aquí, una interpelación para nosotros hoy. ¿Estamos atentos, los cristianos, a las personas que nos piden conocer a Jesús? ¿Cómo acogemos las preguntas, las dudas, las curiosidades, las inquietudes de la gente respecto a Jesús? ¿Acuden las personas a nosotros, los cristianos, con ese deseo? Si la respuesta es negativa, debemos cuestionarnos seriamente. Y si la respuesta es positiva, debemos seguir respondiendo con franqueza a las demás preguntas. La Palabra siempre nos interpela y exige nuestra respuesta honesta.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

“Dios metió su ley en nuestro pecho, la escribió en nuestros corazones. ¿Qué pasó, no sabemos leer? ¿Se ha borrado todo lo que Dios escribió? Dios firmó un pacto (alianza) con nosotros, ¿nosotros hemos firmado?, ¿cumplimos lo que hemos firmado? … Vivimos tiempos de reflexión, cambiemos paradigmas, vivamos con Dios”

Lectura del libro de Jeremías 31, 31-34

Llegarán los días –oráculo del Señor– en que estableceré una nueva Alianza con la casa de Israel y la casa de Judá. No será como la Alianza que establecí con sus padres el día en que los tomé de la mano para hacerlos salir del país de Egipto, mi Alianza que ellos rompieron, aunque yo era su dueño –oráculo del Señor–. Esta es la Alianza que estableceré con la casa de Israel, después de aquellos días –oráculo del Señor–: pondré mi Ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo. Y ya no tendrán que enseñarse mutuamente, diciéndose el uno al otro: “Conozcan al Señor”. Porque todos me conocerán, del más pequeño al más grande –oráculo del Señor–. Porque yo habré perdonado su iniquidad y no me acordaré más de su pecado.
Palabra de Dios.

Salmo 50, 3-4. 12-15

R. Crea en mí, Dios mío, un corazón puro.

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! ¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! R.

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación, que tu espíritu generoso me sostenga: yo enseñaré tu camino a los impíos y los pecadores volverán a ti. R.

II LECTURA

Jesús es modelo de fe para nosotros. Su dolor no lo alejó de Dios ni lo llevó a la amargura o la desesperación. Podemos incorporar el dolor a nuestra vida, desde la fe y la entrega a nuestro Padre.

Lectura de la carta a los Hebreos 5, 7-9

Hermanos: Cristo dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a Aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen.
Palabra de Dios.

Versículo     Jn 12, 26

“El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor”, dice el Señor.

EVANGELIO

Hermosa “cadena”: los griegos se acercaron a Felipe, este va a contárselo a Andrés, y los dos van hacia Jesús. Así hemos de obrar cuando algún hermano busca la verdad, la paz y la vida sana y de fe. Debemos ir nosotros con él hacia Jesús sin poner frenos. Seremos los mediadores, los que llevemos del brazo a quienes busquen algo más que su propio bienestar.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 12, 20-33

Había unos griegos que habían subido a Jerusalén para adorar a Dios durante la fiesta de Pascua. Estos se acercaron a Felipe de Betsaida de Galilea, y le dijeron: “Señor, queremos ver a Jesús”. Felipe fue a decírselo a Andrés, y ambos se lo dijeron a Jesús. Él les respondió: “Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado. Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna. El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre. Mi alma ahora está turbada. ¿Y qué diré: “Padre, líbrame de esta hora”? ¡Si para eso he llegado a esta hora! ¡Padre, glorifica tu Nombre!”. Entonces se oyó una voz del cielo: “Ya lo he glorificado y lo volveré a glorificar”. La multitud, que estaba presente y oyó estas palabras, pensaba que era un trueno. Otros decían: “Le ha hablado un ángel”. Jesús respondió: “Esta voz no se oyó por mí, sino por ustedes. Ahora ha llegado el juicio de este mundo, ahora el Príncipe de este mundo será arrojado afuera; y cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

Señor, queremos ver a Jesús

En este camino cuaresmal, la liturgia nos propone un texto del evangelista Juan que nos presenta a unos personajes poco comunes en los relatos evangélicos: unos griegos. De hecho, es la única vez que aparecen relacionándose con los discípulos. En otro pasaje solo se alude a ellos, como los que viven en la diáspora, lejos de Jerusalén (Jn 7, 35). Sabemos que estos griegos, en realidad eran judíos que vivían en la diáspora, es decir, fuera de Jerusalén y que era costumbre que subieran a Jerusalén para las fiestas más importantes como la Pascua, la fiesta de las tiendas, pentecostés, etc. Es muy interesante este detalle ya que nos invita a pensar que el cristianismo se había expandido por muchas regiones del imperio romano en la época en que escribe Juan.

Los griegos se acercan a uno de los discípulos y piden la oportunidad de poder conocer a Jesús; Felipe habla con Andrés y ambos le cuentan a Jesús. He aquí, una interpelación para nosotros hoy. ¿Estamos atentos, los cristianos, a las personas que nos piden conocer a Jesús? ¿Cómo acogemos las preguntas, las dudas, las curiosidades, las inquietudes de la gente respecto a Jesús? ¿Acuden las personas a nosotros, los cristianos, con ese deseo? Si la respuesta es negativa, debemos cuestionarnos seriamente. Y si la respuesta es positiva, debemos seguir respondiendo con franqueza a las demás preguntas. La Palabra siempre nos interpela y exige nuestra respuesta honesta.

El Evangelio no nos cuenta cómo fue el encuentro de Jesús con ellos ni qué les dijo, simplemente sigue con el discurso anterior que venía narrando; pero podemos suponer con toda probabilidad que Jesús les recibió, les escuchó; los griegos le harían preguntas; dialogarían y pasarían un buen rato juntos, como es el estilo del Jesús joánico. (cf. Jn 1, 36-40)

Morir para dar vida

Las misteriosas palabras de Jesús sobre el grano de trigo, la muerte, la vida, los frutos, el servidor, la glorificación, la hora, son referidas a él mismo, como nos lo dice el evangelista al final del texto que hemos leído. En estas palabras Jesús anuncia su muerte, que para Juan es la glorificación. Muerte que es necesaria para dar fruto como lo muestra el ejemplo del grano de trigo: Jesús es el grano de trigo que muere para dar fruto. Igualmente, el que está aferrado a esta vida, la terminará perdiendo. Parece paradójico, pero la propuesta del Evangelio hoy nos invita a cuestionarnos seriamente sobre cómo estamos viviendo esta vida, que está llamada a morir para dar fruto. Ya la liturgia nos prepara para celebrar la culminación del tiempo cuaresmal que será precisamente la Pascua, la de Jesús y la nuestra que solo tendrá sentido cristiano si nos entregamos como él, para dar fruto abundantemente (cf. Jn 15, 1-10)

Jesús anuncia la forma en que iba a morir al decir que atraerá a todos hacia él cuando sea elevado, es decir, cuando sea colgado en la cruz. La hora del hijo es justamente su muerte que es al mismo tiempo, su glorificación. La cruz se convierte así en el “trono” donde reina Jesús sobre el mundo. La muerte en el Evangelio de Juan no es trágica, ni triste, sino es triunfal, es gloriosa; esta es la perspectiva de la vida eterna y verdadera que trae Jesús. Desde esta perspectiva también deben mirar los seguidores de Jesús, que están dispuestos a perder la vida para luego ganarla verdaderamente como el maestro: Jesús que vino a darnos vida eterna, abundante, plena con su entrega hasta el fin.

Las palabras del evangelio, hoy nos invitan a no estar tan aferrados a nuestra vida, a nuestros intereses, nuestros problemas y pre-ocupaciones, etc. sino en entregarnos, es decir, a “morir” a nosotros mismos, para así dar vida a los demás. No se trata tanto de hacer grandes cosas ni sacrificios heroicos sino simplemente aceptar con toda su densidad y profundidad la misión que cada uno y cada una tenemos en esta vida, cada quien según la decisión que ha tomado de ser seguidor y discípulo de Jesús.

¿Qué significa para mi hoy morir como el grano de trigo? ¿Estoy dispuesto a ser un seguidor de Jesús hasta dar la vida por los demás? ¿A qué cosas, personas o situaciones vivo aferrado? ¿Qué le respondo hoy a las palabras de Jesús?

La nueva alianza en Jesús: Dios siempre cumple

La profecía de Jeremías que anunciaba una nueva alianza que Dios realizaría con su pueblo se cumple plenamente en Jesús, quien, al ser glorificado, es decir, elevado en lo alto de la cruz, atrae a todos hacia él y nos ofrece la salvación. Es precisamente esto lo que celebraremos al final del camino cuaresmal: la redención plena y la salvación para todos los hombres y mujeres de todos los tiempos en Jesús; que según la carta a los Hebreos, aun siendo Hijo aprendió a obedecer llegando a la muerte y una muerte de cruz. Es la máxima donación de Dios al género humano.

Gracias a esta Nueva Alianza hecha realidad en la entrega de Jesús, Dios ya no se acuerda de nuestros pecados ni de nuestras culpas. Al mismo tiempo que clamamos con el salmista “ten piedad, de mí, Señor y por tu inmensa ternura, borra mis pecados”.

Una consecuencia de esta nueva alianza es el conocimiento que Dios mismo pondrá en nuestros corazones para que podamos vivir como su pueblo, ya que Él es nuestro Dios. El mismo pone en nuestros corazones este conocimiento. Sería bueno preguntarnos honestamente: ¿Cómo vivo esta nueva alianza realizada en Jesús? ¿Cómo estoy viviendo mi compromiso cristiano como parte del nuevo pueblo de Dios? ¿Cómo co-respondo yo a este inconmensurable amor de Dios que siempre cumple sus promesas?

ESTUDIO BÍBLICO.

I Lectura: Jeremías (31,31-34): Dios nos renueva

I.1. El texto de Jeremías está inserto en un bloque literario y teológico que se ha llamado el «libro de la consolación» (Jr 30-33); y concretamente el de nuestra lectura litúrgica es una de las afirmaciones más rotundas del AT sobre la necesidad de una alianza nueva. Jeremías fue un profeta que le tocó vivir la situación más dramática de su pueblo (los babilonios estaban a las puertas de Jerusalén para destruirla) y al que la vocación de ser profeta no le vino precisamente como anillo al dedo, sino que fue lo más contrario a su alma («no quería arrancar para plantar»). La lectura del profeta Jeremías, en estos términos, se muestra como si solamente se hubiera empeñado en «arrancar», pero no en «plantar». No obstante, este libro de la consolación es una llamada a la esperanza y nuestro texto el cenit teológico de esa esperanza contra toda esperanza. El texto de hoy viene a continuación de una llamada a la responsabilidad personal (Jr 31,29-30) para poner de manifiesto que aunque cambien las cosas Dios mantendrá su promesa de salvación.

I.2. Por tanto, Dios, a pesar de todo, no se echa atrás, sino que está dispuesto a poner la Alianza en el corazón de cada uno de nosotros; es una forma de comprometerse más profundamente en su proyecto de salvación. Es una llamada a la responsabilidad más personal, pero sin descartar el sentido comunitario de todo ello, porque todos los que sientan esa Alianza en su corazón, se sentirán del pueblo, de la comunidad del Dios vivo y verdadero. El problema de una alianza nueva podría parecer un atentado al “dogma” de la Alianza del Sinaí, donde Israel encontró su identidad. Pero ya se sabe que los dogmas los usan los poderosos para ocupar el lugar de Dios y para cosas peores. Al pueblo sencillo lo pueden engañar, pero a un profeta no, porque siempre está alerta a la voz de Dios. Por eso el profeta, con este mensaje, no solamente le concede a Dios toda su autonomía y libertad, sino que con ello defiende al pueblo para que también se sienta libre. La ley del corazón quiere decir que es una “ley humana” lo que Dios pide, humana y a la par con nuestras debilidades.

I.3. El profeta describe esta nueva situación como algo que antes ha echado muy en falta, un nuevo “conocimiento de Dios” (cf Jr 2,8; 4,22; 9,2), por tanto la nueva Alianza no estará en ritos y ceremonias o sacrificios nuevos, sino en una “experiencia” nueva de Dios: más humana, más entrañable y misericordiosa que se sienta en el corazón y que se exprese en la praxis de la justicia y la fraternidad con los que han sido ignorados. Poner en el corazón “leb” (en hebreo), tiene mucha entraña y radicalidad en los profetas; es lo que el cerebro para la antropología actual, porque todo se mueve desde ahí. Pero es más que el cerebro: tener corazón o no tenerlo, todos sabemos lo que significa al nivel más popular; a nivel bíblico es como tener espíritu, alma o no tenerla. La ley, sin alma, esclaviza; con alma libera. El profeta está hablando, pues, de una Alianza que estará plasmada en la experiencia más profunda y humana de Dios en cada uno de los suyos.

II Lectura: Hebreos (5,7-9): Cristo, sacerdote solidario de la humanidad

II.1. Nuestra lectura forma parte de una sección que, comenzando en Heb 4,15, nos muestra a Jesucristo como Sumo Sacerdote. Esta carta tan peculiar del Nuevo Testamento, que no es de San Pablo, aunque durante mucho tiempo se la atribuyó la tradición, nos ofrece en este caso una teología del papel de Jesucristo. El sacerdocio de Jesús, no obstante, tiene la innovación de no heredarse (como el de Melquisedec), sino que es nuevo, recién estrenado, capaz de conseguir gracia y salvación, para lo que el sacerdocio hereditario y ritual no era válido. Es el sacerdocio del Hijo de Dios, pero que habiéndose hecho uno de nosotros, padeciendo, llorando, comprendiendo nuestras miserias, siendo absoluta y radicalmente humano, en contacto con nuestra debilidad, nos introduce en el misterio misericordioso y amoroso de Dios.

II.2. La figura del Melquisedec, pues, escogida como modelo para el sacerdocio de Cristo sirve para poner de manifiesto que Cristo es un sacerdote original: no se hereda, no se aprende el oficio y no se cansa de atender a los que lo necesitan. El autor construye una cristología del sacerdocio de Cristo con citas de los Salmos 2,7 y 110,4. No es alguien que busque lo propio, que se glorifique personalmente: está para los demás. Y lo más humano de todo: aprender a sufrir, como sufren los hombres. Es esto lo que lo hace digno de fe. La Pasión, de la cual está hablando, se entiende como una prueba de solidaridad con la humanidad. Así, pues, nuestro autor evoca la existencia humana de Jesús y nos da a comprender que esa existencia la pone al mismo nivel que los demás hombres, frágiles y abocados a la muerte. De ahí que se diga que aprendió a “obedecer” o la “obediencia”. Yo creo que quiere decir que aceptó, siendo perfecto moralmente, que debía ser sufriente, porque todos los hombres lo somos.

III Evangelio (Juan 12,20-33): La hora de la verdad es la hora de la muerte y ésta, de la gloria

III.1. El texto de Juan nos ofrece hoy una escena muy significativa que debemos entender en el contexto de toda la «teología de la hora» de este evangelista. La suerte de Jesús está echada, en cuanto los judíos, sus dirigentes, ya han decidido que debe morir. La resurrección de Lázaro (Jn 11), con lo que ello significa de dar vida, ha sido determinante al respecto. Los judíos, para Juan, dan muerte. Pero el Jesús del evangelio de Juan no se deja dar muerte de cualquier manera; no le roban la vida, sino que la quiere entregar El con todas sus consecuencias. Por ello se nos habla de que habían subido a la fiesta de Pascua unos griegos, es decir, unos paganos simpatizantes del judaísmo, “temerosos de Dios”, como se les llamaba, que han oído hablar de Jesús y quieren conocerle, como le comunican a Felipe y a Andrés. Es entonces cuando Jesús, el Jesús de san Juan, se decide definitivamente a llegar hasta las últimas consecuencias de su compromiso. El judaísmo, su mundo, su religión, su cerrazón a abrirse a una nueva Alianza había agotado toda posibilidad. Una serie de “dichos”: sobre el grano de trigo que muere y da fruto (v.24); sobre el amar y perder la vida (v. 25) (como en Mc 8,35; Mt 10,39; 16,25; Lc 9,24; 17,33) y sobre destino de los servidores junto con el del Maestro, abren el camino de una “revelación” sobre el momento y la hora de Jesús.

III.2. Efectivamente las palabras que podemos leer sobre una experiencia extraordinaria de Jesús, una experiencia dialéctica, como en la Transfiguración y, en cierta manera, como la experiencia de Getsemaní (Mc 14,32-42; Mt 26,36-46; Lc 22,39-46) son el centro de este texto joánico, que tiene como testigos no solamente a los discípulos que eran judíos, sino a esos griegos que llegaron a la fiesta e incluso la multitud que escuchó algo extraordinario. Muchos comentaristas han visto aquí, adelantado, el Getsemaní de Juan que no está narrado en el momento de la Pasión. En eso caso puede ser considerado como la preparación para la “hora” que en Juan es la hora de la muerte y esta, a su vez, la hora de la gloria. El evangelista, después de la opinión de Caifás tras la resurrección de Lázaro de que uno debía morir por el pueblo (Jn 11,50s), está preparando todo para este momento que se acerca. Ya está decidida la muerte, pero esa muerte no llega como ellos creen que debe llegar, sino con la libertad soberana que Jesús quiere asumir en ese momento.

III.3. Por tanto, era como si se Él esperara un momento como este para ir a la muerte: ha llegado la hora que se ha venido preparando desde el comienzo del evangelio, es la hora de la verdad, de la pasión-glorificación. Y Jesús, con una conciencia absoluta de su misión, nos habla del grano de trigo, que si no cae en tierra y muere, no puede dar fruto. La vida verdadera solamente se consigue muriendo, dándola a los demás. Es verdad que esta decisión, hablando desde la psicología de Jesús, no se toma olímpicamente o con desprecio; le cuesta entregarse a la muerte en aquellas condiciones. Por eso recibe el consuelo de lo alto para ir hasta el final, y antes de que le secuestren su vida, la entrega como el grano de trigo. El ama su vida entregándola a los demás, poniéndola en las manos de Dios y de los hombres. Todo parece demasiado extraordinario; en Juan no puede ser de otra manera, pero también es muy humano. Jesús no tiene miedo a la hora de la verdad, porque confía plenamente en el Padre, y advierte que los suyos tenga también esta misma disposición.

III.4. Los vv. 31-33 nos describen, con un lenguaje apocalíptico, la victoria sobre la muerte en la cruz. Esta es una teología muy propia de Juan que no ha visto en la cruz fracaso alguno de Jesús; al contrario, es desde la cruz desde donde “atraerá” al mundo entero (cf Jn 3,14-15; 8,28). Y ello no porque Juan pensara que Jesús resucitaba en la cruz, en el mismo momento de la muerte, como actualmente se está defendiendo, razonablemente, en muchos escritos teológicos. Sino porque la muerte de Jesús le confiere un poderío inconmensurable. La muerte no se la imponen, no es la consecuencia de un juicio injusto o inhumano, sino porque es el mismo Jesús quien la “busca” como el grano de trigo que necesita morir para “tener vida” y porque provoca el juicio sobre el mundo, sobre la falsedad del poder y la mentira del mundo. La hora de Jesús es la hora de la cruz, porque es la hora de la verdad de Dios. Y entonces, la mentira del mundo quedará al descubierto. Pero Jesús “atraerá” a todos los hombres hacia El, hacía su hora, hacia su verdad, hacia su vida nueva. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).









sábado, 17 de marzo de 2018

SÁBADO, SEMANA 4 DE CUARESMA


Las olas de la muerte me envolvieron
y me cercaron los lazos del abismo;
en mi angustia invoqué al Señor,
y él escuchó mi voz desde su templo.

Sal 17, 5-7

Oración inicial   

Te rogamos, Señor, que tu amor misericordioso dirija nuestros corazones porque sin tu ayuda no podemos agradarte. Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Maestro y Señor. Amén.

DIOS NOS HABLA. CONTEMPLAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

Quien se entrega a Dios sabe que sólo deberá esperar en él y que sólo en él podrá apoyarse. No porque los demás no valgan nada, ni porque no haya personas dignas de confianza, sino porque ha experimentado la verdadera alianza y el amor incondicional del Señor. Eso es algo que nunca se quebrará.

Lectura del libro de Jeremías 11, 18-20

Señor, tú me has hecho ver las intrigas de este pueblo. Y yo era como un manso cordero, llevado al matadero, sin saber que ellos urdían contra mí sus maquinaciones: “¡Destruyamos el árbol mientras tiene savia, arranquémoslo de la tierra de los vivientes, y que nadie se acuerde más de su nombre!”. Señor de los ejércitos, que juzgas con justicia, que sondeas las entrañas y los corazones, ¡que yo vea tu venganza contra ellos, porque a ti he confiado mi causa!
Palabra de Dios.

Salmo 7, 2-3. 9bc-12

R. ¡Señor, Dios mío, en ti me refugio!

Señor, Dios mío, en ti me refugio: Sálvame de todos los que me persiguen; líbrame, para que nadie pueda atraparme como un león, que destroza sin remedio. R.

Júzgame, Señor, conforme a mi justicia y de acuerdo con mi integridad. ¡Que se acabe la maldad de los impíos! Tú que sondeas las mentes y los corazones, tú que eres un Dios justo, apoya al inocente. R.

Mi escudo es el Dios Altísimo, que salva a los rectos de corazón. Dios es un Juez justo y puede irritarse en cualquier momento. R.

EVANGELIO    

Cualquier ciudad o región es destinataria de la buena noticia y de la vida. En aquel tiempo, lo fue Galilea, una provincia de mala fama entre los ortodoxos de la fe. Hoy puede ser cualquier lugar donde Dios quiera manifestarse. No pensemos que porque nuestra comunidad sea pequeña no vale nada, ni que es “la mejor” por ser grande o porque supera al resto de las ciudades porque posee más recursos. Dios obra donde encuentra corazones dispuestos.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 7, 40-53

Algunos de la multitud, que habían oído a Jesús, opinaban: “Este es verdaderamente el Profeta”. Otros decían: “Este es el Mesías”. Pero otros preguntaban: “¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén, el pueblo de donde era David?”. Y por causa de él, se produjo una división entre la gente. Algunos querían detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él. Los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y a los fariseos, y éstos les preguntaron: “¿Por qué no lo trajeron?”. Ellos respondieron: “Nadie habló jamás como este hombre”. Los fariseos respondieron: “¿También ustedes se dejaron engañar? ¿Acaso alguno de los jefes o de los fariseos ha creído en él? En cambio, esa gente que no conoce la Ley está maldita”. Nicodemo, uno de ellos, que había ido antes a ver a Jesús, les dijo: “¿Acaso nuestra Ley permite juzgar a un hombre sin escucharlo antes para saber lo que hizo?”. Le respondieron: “¿Tú también eres galileo? Examina las Escrituras y verás que de Galilea no surge ningún profeta”. Y cada uno regresó a su casa.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA

Tomar partido por Cristo.

-De la muchedumbre, a propósito de Jesús, unos decían... otros decían...

Jesús sigue siendo un misterio para sus contemporáneos.

¿Quién es? ¿De dónde viene? Las discusiones simplemente humanas no alcanzan a dar una respuesta.

-Y se originó un desacuerdo en la multitud por su causa.

Y yo, ¿qué digo de Jesús? ¿Tomo partido, claramente?

-¿No dice la Escritura que...?

Incluso la ciencia bíblica no basta para descubrir verdaderamente quién es El. No es primero en los libros que se descubre a Cristo. Los escribas y los fariseos eran la más alta autoridad doctrinal, los mejores especialistas en discusiones sobre la Escritura -sus referencias son prueba de ello-.

Según ellos, en Jesús no se cumplen todas las condiciones necesarias: no es el Mesías.

La condición esencial para conocer a Dios es la humildad.

Hay que saber desprenderse de sí mismo, renunciar a sus propios puntos de vista, dejarse conducir.

Más allá de mis dudas y de mis preguntas, Señor, haz que te conozca. Acepto no saber captar todo. Sé que no puedo comprenderlo todo.

-Del linaje de David y de la aldea de Belén ha de venir el Mesías.

A menudo es así: los detalles nos bloquean.

Nos quedamos en bagatelas.

No sabemos superar las apariencias.

Y sin embargo, era ciertamente ¡"de Belén" que él venía! Pero también ¡"de mucho más lejos" que Belén! Esa pequeña aldea podía ser causa de ilusión.

Dios permanece escondido detrás de las apariencias humanas.

Los guardias, enviados por los príncipes de los sacerdotes para arrestarle volvieron diciendo: ¡Jamás hombre alguno habló como este! Los alguaciles del Sanedrín no se atrevieron a ponerle la mano encima, como se les había mandado. Quedaron subyugados, seducidos.

Este detalle es importante. Nos muestra que algo debía emanar de Jesús: se adivinaba una personalidad excepcional, fascinante.

Muchos hombres, hoy, se quedan con esta admiración:

Jesús es un gran hombre..., un genio espiritual..., un sabio...

Tú eres, Señor, mucho más que esto: "creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos. Dios de Dios. Luz de Luz... Por Quien todo fue hecho.

-"¿Acaso algún magistrado o fariseo ha creído en él?" "Pero esta gentuza que ignora la Ley, son unos malditos".

He aquí lo que dicen los fariseos. ¡Qué aplomo! ¡Qué desprecio a todos los que no piensan como ellos, esas gentes que no conocen la Escritura!

-Nicodemo, el que había ido antes a él, les dijo: "¿Acaso nuestra Ley condena a un hombre antes de oírle?--¿También tú eres Galileo?

No resulta fácil tomar partido por Jesús. Se corre el riesgo de ser mal visto; de ser juzgado con él.

¿Soy capaz de correr ese riesgo? ¿Soy capaz de ser despreciado y juzgado mal, por el hecho de seguir a Jesús? ¿Hasta dónde llega mi fe? ¿Qué compromiso contraigo con ella?

¿Soy cristiano solamente cuando es fácil? ¿O bien lo soy también cuando el serlo requiere comprometerse?

ORAMOS CON LA PALABRA

Fuimos rescatados con la sangre preciosa de Cristo,
el Cordero sin mancha y sin defecto.

1Ped 1, 18-19

Oración conclusiva

Protege a tu pueblo, Señor, que camina presuroso hacia la Pascua, y acompáñanos con la abundancia de la gracia celestial, para que, ayudados por los consuelos sensibles, busquemos con prontitud los bienes invisibles. Por Jesucristo, nuestro Señor.



¡Buena Jornada!

viernes, 16 de marzo de 2018

VIERNES, SEMANA 4 DE CUARESMA


Dios mío, sálvame por tu nombre,
defiéndeme con tu poder.
Dios mío, escucha mi súplica,
presta atención a las palabras de mi boca.

Sal 53, 3-4

Oración inicial   

Señor Dios nuestro, que has preparado remedios abundantes para nuestra fragilidad, concédenos experimentar tu salvación con alegría y manifestarla con una vida santa. Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Maestro y Señor. Amén.

DIOS NOS HABLA. CONTEMPLAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

La lista de acusaciones que hacen estos malvados puede ser mucho más amplia todavía, pero siempre girará sobre el mismo tema: el justo, el que busca vivir honradamente, no deberá tener éxito en este tiempo. Por el contrario, este será marginado y, en algunos casos, perseguido y hasta eliminado del mundo de los vivos. Es que el justo, con su misma vida, demuestra a aquellos sus propios errores. Y eso les resulta insoportable.

Lectura del libro de la Sabiduría 2, 1a. 12-22

Los impíos dicen entre sí, razonando equivocadamente: “Tendamos trampas al justo, porque nos molesta y se opone a nuestra manera de obrar; nos echa en cara las transgresiones a la Ley y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida. Él se gloría de poseer el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor. Es un vivo reproche contra nuestra manera de pensar y su sola presencia nos resulta insoportable, porque lleva una vida distinta de los demás y va por caminos muy diferentes. Nos considera como algo viciado y se aparta de nuestros caminos como de las inmundicias. Él proclama dichosa la suerte final de los justos y se jacta de tener por padre a Dios. Veamos si sus palabras son verdaderas y comprobemos lo que le pasará al final. Porque si el justo es hijo de Dios, él lo protegerá y lo librará de las manos de sus enemigos. Pongámoslo a prueba con ultrajes y tormentos, para conocer su temple y probar su paciencia. Condenémoslo a una muerte infame, ya que él asegura que Dios lo visitará”. Así razonan ellos, pero se equivocan, porque su malicia los ha enceguecido. No conocen los secretos de Dios, no esperan retribución por la santidad ni valoran la recompensa de las almas puras.
Palabra de Dios.
Salmo 33, 17-21. 23

R. El Señor está cerca del que sufre.

El Señor rechaza a los que hacen el mal para borrar su recuerdo de la tierra. Cuando ellos claman, el Señor los escucha y los libra de todas sus angustias. R.

El Señor está cerca del que sufre y salva a los que están abatidos. El justo padece muchos males, pero el Señor lo libra de ellos. R.

Él cuida todos sus huesos, no se quebrará ni uno solo. Pero el Señor rescata a sus servidores, y los que se refugian en él no serán castigados. R.

EVANGELIO

Los judíos se admiraban de la sabiduría de Jesús, que provenía de arriba, del Padre. Juan, en su Evangelio, distingue entre las opiniones de los judíos y las de la gente: los judíos eran los que se negaban a creer y buscaban el tropiezo de Jesús; la gente, en cambio, trataba de entenderlo para poner su fe en él.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 7, 1-2. 10. 14. 25-30

Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Chozas. Cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver. Promediaba ya la celebración de la fiesta, cuando Jesús subió al Templo y comenzó a enseñar. Algunos de Jerusalén decían: “¿No es éste Aquel a quien querían matar? ¡Y miren cómo habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde es este; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es”. Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: “¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen. Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió”. Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA

Reconocer a Jesús por lo que El es: no quedarse en la superficie.

-Andaba Jesús por Galilea, pues no quería ir a Judea, porque los judíos le buscaban para darle muerte.

El evangelio de san Juan es el más contemplativo; pero es también el que ha notado que el conflicto iba creciendo y conducirá a Jesús a una muerte dramática. La Eucaristía se va acercando a su fin. Nosotros procuramos vivirla con Jesús. ¿Cómo vivió El sus últimas semanas? Acosado, odiado, detestado, buscado por la policía.

Jesús morirá rodeado de semblantes rencorosos.

En esta atmósfera densa de amenazas, ¿cuáles eran, Señor, tus pensamientos?

-Una vez que sus hermanos subieron a la fiesta, subió él también no manifiestamente, sino en secreto. Las gentes de Jerusalén decían: "¿No es Este al que buscan para hacerle morir?" Se cuchichea su nombre... "es él, el condenado que se busca".

Jesús gritó y dijo: "Sí, vosotros pensáis conocerme y saber de dónde soy, pero Yo no he venido de Mí mismo".

Este grito.

Un sufrimiento contenido que estalla.

El grito del que no es reconocido por el que verdaderamente es. Me imagino ese grito de Dios: ¡reconocedme de una vez!". "Yo no he venido de mí mismo." Humildad y amor profundos. Jesús está vuelto hacia el Padre, viene del Padre y va al Padre. Su personalidad entera es tributaria de ese otro misterioso del que está hablando siempre: Jesús se define entero por referencia... no tiene nada de Sí mismo.

-Pero el que me ha enviado es veraz, aunque vosotros no le conocéis, Yo le conozco.

Todavía un sufrimiento: Ver el amor desconocido.

Francisco de Asís se paseaba por las calles quejumbroso: "el amor no es amado... el amor no es amado... el amor no es amado..."

-Yo le conozco, porque procedo de El y El me ha enviado.

Intimidad. Comunión.

En el mismo momento en que es acosado, odiado, aislado...

Jesús se sabe amado. Las palabras faltan para describir ese misterio de relaciones. Jesús era un hombre apacible aun rodeado de semblantes rencorosos, aun en medio de angustias piensa en su relación con el Padre.

A su alrededor, sólo se habla de matarle; y Tú sólo hablas de este amor que te colma.

Ayúdanos, Señor, a vivir como Tú, en la intimidad del Padre.

Da a todos los que sufren esa paz que era la tuya.

Otorga a todos los que sienten la soledad, la gracia de ser reconfortados por la presencia del Padre.

-Buscaban, pues, prenderle..., pero nadie le ponía las manos, porque aún no había llegado su hora.

El complot se va estrechando. La Pasión se acerca.

¡Es "tu hora"! Sin ningún miedo, ciertamente. Todo sucederá según los insondables designios del Padre, a la hora por él fijada desde toda la eternidad.

Tener plena y total confianza en Dios. Ponerse en sus manos, es el secreto de la paz.

ORAMOS CON LA PALABRA

En Cristo
hemos sido redimidos por su Sangre
y hemos recibido el perdón de los pecados,
según la riqueza de su gracia.

Ef 1, 7

Oración conclusiva

Dirige tu mirada sobre tus servidores, Señor, y protege bondadosamente con tu auxilio celestial a quienes confiamos en tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

¡Buena Jornada!